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Confesión de Fe de 2002

Confesión de Fe de los Valdenses

Año de nuestro Señor 2002

Las iglesias evangélicas valdenses que viven en Europa y América Latina, constituyen un sólo cuerpo que vive por Gracia de Dios.

Las comunidades valdenses no son un grupo étnico o racial, son una comunidad de fe. Esas iglesias que desde siglos han atravesado por grandes persecuciones, Dios en su bondad y misericordia, ha conservado fieles a la Palabra de Dios, forman una unión de iglesias que toma el nombre de “Iglesia Evangélica Valdense”.

Para comprender la forma como confiesa su fe hay que tener presente dos criterios básicos: uno, la “historicidad” de cada formulación de su confesión de fe, es decir, la conciencia de que somos “peregrinos” en este mundo y no podemos establecer de una vez y para siempre lo que pensamos, porque todo está sujeto a las situaciones y ocasiones; otro, que humildemente queremos seguir el “Señorío de Cristo”, que supera y relativiza cualquiera de nuestras decisiones.

Nuestra confesión se une a la de todas aquellas Iglesias que en una asociación fraterna confiesan, de acuerdo con las Sagradas Escrituras, que Jesucristo es nuestro Señor y Salvador, y viven su vocación común para la gloria del único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Unida a otras Iglesias hermanas la Iglesia Evangélica Valdense busca la forma de expresar su unidad profunda pero visible en el único Señor.

En la búsqueda de unidad entre las diferentes confesiones cristianas está implícita la búsqueda de la unidad de toda la humanidad, por tanto cada miembro de la Iglesia Evangélica Valdense está llamado a comprometerse personalmente, cada día, en la búsqueda de la reconciliación entre los hombres, en la búsqueda (guiados por el Espíritu de paz de Jesucristo) de una mayor justicia en la sociedad, afirmando que cada acción y cada compromiso encuentra su valor en la esperanza del Reino de Dios que viene.

Somos conscientes que no hay paz sin justicia, y que ninguna justicia es posible si para establecerla se echa mano al recurso de las armas. Por tanto cada miembro de la Iglesia Evangélica Valdense está llamado a ser un obrero en la búsqueda de una sociedad reconciliada. Al mismo tiempo, cada uno debe ser consciente de su parte de responsabilidad por el estado de injusticia en el que vive la sociedad actual. De allí que tengamos que admitir que para alentar y promover esa reconciliación hay que renunciar a toda forma y a cada instrumento de violencia.

Para cumplir con esta tarea tenemos que conocer el pensamiento de las Sagradas Escrituras. La enseñanza de la Biblia es una de las tareas más nobles en vistas a elevar la cultura espiritual de cada ser humano. La Biblia es el libro por el cual Dios nos habla, y por medio de él podemos encontrar y conocer a Dios. Leemos sus páginas con la esperanza de que por medio de ellas Dios nos hable a cada uno, de acuerdo a lo que cada uno tiene necesidad de escuchar en las circunstancias particulares en las que vive. Por eso, leemos nuestra Biblia en oración, pidiendo al Señor que su Espíritu aclare e ilumine nuestro pensamiento. Sabemos que la lectura más fecunda de la Biblia es la que se realiza en comunidad y eso es lo que tratamos de promover. Confiamos solo en la promesa del Señor que dice “donde dos o tres se reúnen en su nombre, allí está Él presente”. Y para nosotros éste es nuestro concepto básico del ser de la Iglesia: donde dos o tres estén reunidos en el nombre del Señor, allí está la Iglesia de Cristo. Por ello, la misión es la razón por la cual la Iglesia existe. Pero la misión de la Iglesia se entiende en la perspectiva del mundo y del Reino de Dios. La Iglesia no puede vivir para sí misma, ni para su prosperidad y éxito. La Iglesia vive para servir como Cristo hizo y para dar su vida para que el mundo viva. Es el cuerpo con el que Cristo se da hoy para la vida del mundo.

El nombre “Valdense” significa:

  • Primero, libre predicación del Evangelio y libertad para predicar.
  • Segundo, solidaridad con los que siempre pierden, los últimos, los marginados.
  • Tercero, austeridad en todos los órdenes de la vida, compartiendo los dones que poseemos con todos los demás seres humanos en el nombre y por el amor de Cristo. No somos grandes y poderosos, pero de lo poco que somos intentamos entregar nuestra vida para que otros vivan, sembrando el Evangelio en medio de nuestra sociedad.

4 comentarios

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    • Kennia Erinna Naour Cartes on diciembre 11, 2013 at 21:58
    • Responder

    Me siento totalmente identificada con este estilo de vida. Como me gustaría vivir cerca de ustedes y ser parte de ustedes. Soy católica infeliz, soporto doctrinas que no logro entender, los amo profundamente. Kennia.

      • esther on febrero 15, 2014 at 16:26
      • Responder

      Querida Kennia Erinna Naour Cartes,

      mejor que sigas siendo catòlica; el problema que encontraràs en este lugar es la falta de espititualidad en Jesùs. En esta confeciòn de fe no se encuentra nada acerca del arrepentiminto y d la converciòn, ni del poder del Espìritu Santo para cambiar las vidas. Esoso son solo enunciados polìticos seculares. En Europa es peor, allì bendicen el el nombre de nuestro Salvador a las parejas omosexuales. La omosexualidad es una incapacidad de relacionarse con el diverso; es un desprecio por el sexo opuesto. Y esa declaraciòn de fe abre las puertas a ese tipo de cosas: solidaridad y no santidad, ue es negar la potencia de mismo Espìitu Santo, sintoma del espìritu del anticristo.

    1. Estimada Kennia Erinna Naour Cartes

      Bienvenida a este sitio web. Comprendo tu situación, no eres la única que siente ese vacío. Solamente Cristo es quien puede librarte del pecado y darte la vida.

      Aléjate de la idolatría, busca cerca de tu hogar un lugar donde se predique lo que dice La Biblia.

      Cuéntanos donde vives, quizá podamos darte alguna dirección donde puedas recibir sana doctrina.

      Oramos a Dios, para que te libere del pecado y te de la vida perdurable.

      “Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie.“ Efesios 2:8-9

      LUX LUCET IN TENEBRIS
      Pr. Mario Revel

    • Arturo Vélez on abril 26, 2014 at 20:14
    • Responder

    Soy un Adventista del Séptimo Día.
    He estudiado su historia, y he llegado a respetarlos y admirarlos. Cómo se opusieron a las doctrinas romanas que contradecían a la palabra y las enzeñanzas de Dios y Jesucristo, y cómo volvieron a la Biblia tras mil años de obscuridad.
    Me gustaría saber más acerca de ustedes, y si pudiera contactarme, se lo agradecería.

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